Poesía, mujer e historia

•Noviembre 8, 2009 • 3 comentarios

DELMIRA AGUSTINI

Delmira Agustini

Desde la primera percepción intelectual del mundo, sabemos que la palabra —el logos— dio en el clavo de la razón colgando de él la paradoja de su irracional trascendencia. En efecto, sólo el logos —la razón— fue capaz de crear ese otro mundo, ya no nuestro, sino patrimonio de los dioses, capaces de inaugurar un espacio enteramente dedicado a la magia, a la imaginación, Continuar leyendo ‘Poesía, mujer e historia’

Mariano Barbasán: un tesoro al natural

•Octubre 13, 2009 • Dejar un comentario

Últimos momentos del mercado

Últimos momentos del mercado

Cuando en 1864 nace Mariano Barbasán, el papa Pío IX, en su encíclica Quanta Cura y en el Syllabus errorum, condena el liberalismo; Dostoievski publica sus Memorias del subsuelo; se funda en Londres la I Internacional y el pintor Manet visita España para embeberse de Velázquez y del paisaje hispano. La iglesia, pues, siempre reticente al progreso de las ideas, Continuar leyendo ‘Mariano Barbasán: un tesoro al natural’

Tauromaquia

•Octubre 13, 2009 • Dejar un comentario

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El susto tremendo que el cuasi goliardo Arcipreste de Hita sufrió al toparse —allá por el siglo XIV— con un toro salvaje en el el puerto de Navafría (tributo de su holganza serrana): «Cerca la Tablada/la sierra pasada…», representa, en lo que mi memoria alcanza, el primer testimonio literario de la presencia en nuestra geografía Continuar leyendo ‘Tauromaquia’

H. Bergson, O. Paz: de la edad

•Octubre 7, 2009 • Dejar un comentario

La estructura religiosa como fundamento de la conciencia del espíritu del ser humano ha estado siempre ligada a la transición de una vida mensurable en el tiempo convencional, pero, sobre todo, al rito mágico por medio del cual era posible traspasar esa frontera y seguir “viviendo” más allá de la contingencia azarosa de la vida puramente material o física. Esta argumentación, en efecto, suelda buena parte de las preocupaciones del hombre como ser en el tiempo y sus preguntas sobre su papel en un contexto dado y sobre su destino, su finalidad (el tópico ubi sunt), difícilmente aceptable más acá de su crisis vital en cuanto toma conciencia de ser un “ser para la muerte”. Pero si el tiempo convencional delimitado por el ritmo cósmico y fijado por diversas medidas (celebraciones estacionales, calendas, gregoriano, solsticios y equinoccios) como nomenclatura numérica e icónica,  pragmática y eficaz, servía para, cuando menos, explicar el fenómeno de la extinción individual y ver en el reflejo de la naturaleza el mismo ciclo de caducidad y renovación (de muerte y resurrección) en una analogía exacta con el tiempo y el espacio del universo; si este esquema, sin dejar de ser convencional, servía para explicarse, de un modo, la precultura humana (edades de oro, plata, bronce y hierro, por ejemplo) y la postcultura (ciclos lunares asociados a los ritos y liturgias religiosos); si este esquema servía, además, para aspirar a un estado de aeternitas, no es menos cierto que tanto la prehistoria como la historia han dispuesto un nuevo marco referencial en el que ya no basta el paso del tiempo exterior al hombre como ser individual y colectivo, sino que la propia evolución de las sociedades ha ido estableciendo jalones sustentados en acontecimientos que la razón ha ido ordenando y por medio de los cuales nos planteamos también un tiempo histórico, un tiempo psíquico y un tiempo sensitivo. La disgregación de este tiempo en nuevas perspectivas y valores, otorgando a una dimensión naturalmente cósmica una percepción más ensayística, filosófica, desde luego, ayuntada a la experiencia individual, le ha hecho decir a Octavio Paz, por ejemplo que “no es el tiempo, sino nosotros los que pasamos; el tiempo posee una dirección, un sentido, porque es nosotros mismos”, aseveración que nos plantea el tiempo como una dimensión dada y proyectada ad infinitum. Henri Bergson, por su parte, ha debido, desde esta prioritaria percepción personal y filosófica, establecer criterios de interpretación sobre el tiempo como una dimensión de instantes continuos sólo perceptibles desde el punto de vista de la experiencia más íntima; y, por fin, aun siendo un asunto ya viejo, no deja de sobrevolar la conciencia del ser humano el concepto del carpe diem (disfruta el instante, goza el día) como ilustración irreprochable de la percepción psíquica del tiempo como un factor inaprehensible que da cuenta de la certeza inexorable de nuestra decadencia y desaparición como seres sensibles. Al fin y al cabo, no nos importa morir, sino dejar de sentir, incluso aunque ese sensualismo (en su acepción puramente etimológica) nos coloque en la “horrible” decrepitud.

Jung: materia, espíritu

•Octubre 7, 2009 • Dejar un comentario

Muy probablemente, Carl G. Jung et alia (Jolande Jacobi, sobre todo) echarían sus redes exegéticas para explicar el porqué, el cómo y el para qué de la dualidad cuerpo-alma (vida-muerte), ancestral y procedente de las primeras dislocaciones de la conciencia del ser humano; dislocaciones de lo consciente que se ve fuera de sí y dislocaciones del inconsciente que se ve dentro de sí. Y esta disposición en apariencia paradójica, así formulada, parece que hoy ya no ofrece dudas respecto a su revelación científica (si entendemos, como es, la psicología y el psicoanálisis como ciencias curriculares). Revelación que, desde los primeros pasos freudianos, avanzó con la articulación de los arquetipos de Jung como iconografías comunes a todas las culturas. La aportación fundamental del suizo, en todo caso, fue establecer esos arquetipos como bagaje simbólico heredado (y, por lo tanto, susceptible de interpretación relativamente común) por todas las culturas. El asunto, no obstante, viene de lejos y está jalonado de matices en los que varía la forma de la iconografía y del “arquetipo”, pero no el fondo que desencadena el sesgo de la dualidad. La vieja metempsicosis oriental es hoy incluso una creencia de base mística que influyen también en la cultura de Occidente, pero después de eso, la distinción clásica physis-psiquis, que constituye la primera aportación digamos científica de las culturas y en las que la filosofía clásica jamás ha dejado ya de construir bucles interpretativos. Asunto que, por otro lado, se encuentra también ligado paralelamente a la distinción que en otro comentario hacíamos entre el onthós (lo esencial, el ser) y el anthropós (lo accidental, el parecer) y que tiene mucho que ver no sólo con la metáfora de la caverna platónica (que también citábamos en otro lugar), sino con el lenguaje y su traslación al concepto profundo de la imagen acústica que representan las formas distintivas de los verbos “ser” y “estar”.

Aquella reminiscencia platónica sobre nuestro “verdadero” ser frente a la engañosa apariencia de nuestra propia materia, enfrentó también al mundo de la alquimia hasta el extremo de encontrar explicaciones materiales indisolublemente unidas a un estado espiritual o, si se prefiere, mental. El mundo se ha explicado así desde entonces como un ejercicio de fuerzas de los cuatro elementos por los que, sin ir más lejos, ha de pasar también ese espíritu salido del cuerpo, esa alma migratoria hacia otro estado que se purifica en el fuego, o se diluye en el agua y se eleva en su estado gaseoso arrastrado por el viento para volver a la tierra.

Muchos serían los matices que aportar sobre este proceso que, en sus diferentes formas y análogo fondo han cedido cada una de las visiones místicas, desde la resurrección del héroe mesopotámico Gilgamesh, rescatado por su amada mediante la danza del reino de los muertos, hasta la resurrección de Cristo, pasando por la conversión en el Hades de Odyseo con Tiresias, el embalsamamiento del Faraón  como urgencia material ante la crisis final del espíritu y -¿por qué no?- el combate del torero con la encarnación en toro de su fantasma que, por cierto, mucho tiene que ver con la danza de la amada de Gilgamesh.

Vida y muerte; materia y espíritu; ser y estar; inmanencia y contingencia; tangibilidad e intangibilidad… son elementos todos representativos de una dualidad sobre las que la mística desde el rito sacrificial de la magia, y la ciencia desde la escurridiza definición de lo espiritual, han elaborado liturgias o catálogos filosóficos elucidatorios.

Arquitectura lírica: “Roma” de Ángel Sobreviela

•Septiembre 17, 2009 • Dejar un comentario

PORTADA ROMA PARA AAE

Fuga salutem petere intenderunt

Roma jamás se rindió. Ni siquiera con Aníbal ante portam latinam. Superado este delicado trago, el derecho romano creó, de facto, una sociedad sujeta a la razón bajo un control legislativo para muchos modélico, pero que, a la postre, resultó ser su perdición. Roma fue tomada Continuar leyendo ‘Arquitectura lírica: “Roma” de Ángel Sobreviela’

Ángel Sobreviela: “Epístola desde Cimeria”

•Septiembre 16, 2009 • Dejar un comentario

PORTADA ÁNGEL SOBREVIELA

Ángel Sobreviela (habría sido magnífico –y espectacular- que en su apellido figurase una ‘u’ en vez de esa ‘i’) nos ha entregado un texto más que interesante. Un poema en prosa –dice él- y dice bien, aunque en esto de los géneros híbridos no tengo yo todavía muy claras las cosas; me pierdo –sin ser valeryniano- en las nomenclaturas arrastrado por el más puro V Continuar leyendo ‘Ángel Sobreviela: “Epístola desde Cimeria”’

El multilingüismo como “problema” territorial de España

•Agosto 24, 2009 • Dejar un comentario

La legitimación de la lengua nativa (o materna) como lengua de uso por sus hablantes resulta un derecho consagrado en la Constitución española de 1978 que, además, prescribe su defensa y fomento y propicia su enseñanza curricular a través de los planes docentes de las Administraciones autonómicas afectadas. También la Constitución española reconoce al castellano como lengua común Continuar leyendo ‘El multilingüismo como “problema” territorial de España’

Luis Alberto de Cuenca

•Agosto 24, 2009 • Dejar un comentario

No presentaré a Luis Alberto de Cuenca como el personaje que todo el mundo conoce. Su dilatado currículum es exponente de sus cualidades poéticas e investigadoras. Los menos advertidos encontrarán Continuar leyendo ‘Luis Alberto de Cuenca’

Dolan Mor: “El libro bipolar”

•Agosto 22, 2009 • Dejar un comentario
DOLAN MOR

Dolan Mor en "La Campana de los Perdidos" (Zaragoza, 2008)

Si revisamos, como es imprescindible hoy, las palabras de Theodor W. Adorno según el cual no es posible escribir poesía después de Auschwitz, Continuar leyendo ‘Dolan Mor: “El libro bipolar”’