Vladimír Holan: la pasión de resistir

Vladimír Holan en 1950

Cuando en 1983 visitaba Checoslovaquia por primera vez, llevaba como carta de presentación una vaga idea de la efervescencia literaria checa (no estoy en condiciones de referirme a la eslovaca). La naturaleza checa (y sólo la naturaleza, pues su estudio debe encuadrarse en ámbito cultural distinto) de Rilke, Kafka y Kish, unos versos sueltos de Vladimír Holan hojeados en edición antológica de Clara Janés y algunas notas críticas de Angelo María Ripellino, además de su Praga mágica, constituían todo mi bagage de conocimientos -por otra parte adormecidos- sobre el quehacer literario de aquel país (añádase, aunque con escasa intención, la lectura en edición francesa de Las aventuras del bravo soldado Šveik, prosa satírica y esperpéntica del gran maestro Hásek.

Mi viaje no estuvo motivado por el exotismo y la malsana curiosidad occidentales, pero tampoco por un interés específicamente literario. Hoy, después de cumplirse mi tercera estancia en Praga, creo disponer de razones suficientes para aseverar que la historia de la poesía europea de este siglo jamás podrá elaborarse sin el concurso de la checa. Y defender este aserto es mucho más fácil en España, escasamente conocedora de la cultura y de la civilización checoslovacas.

Ya en otra ocasión[1] tuve oportunidad de señalar las posibles causas que han motivado tan tamaño desconocimiento en nuestro país, sin duda intuidas por todos y entre las que destaca el oscurantismo franquista y la falta de relaciones diplomáticas entre ambos Estados.

Aun siendo el gran “menor” de la mayúscula tetrarquía (Vitezslav Nezval,  František Halas, Vladimír Holan y Jaroslav Seifert), de nuevo debió recurrirse a la anécdota del Nobel para que se entreabriera la puerta de acceso a la lectura de la lírica de Bohemia. El propio Seifert, ya desaparecido, recordó con frecuencia que el galardón de la Academia sueca no se le otorgaba a él, sino al único ser vivo representativo de su grupo (admirable modestia de un poeta íntegro que reclamaba para su gran amigo Holan ese reconocimiento).

Sin embargo, antes de producirse este evento, la excelentísima labor de Clara Janés nos proporcionó un avance de lo que se avecinaba. Clara nos ha ofrecido la ya citada antología[2] y, poco más tarde, la magnífica traducción de Na postupu (“Avanzando”) de Vladimír Holan[3]. Sé también que nos ofrecerá muy pronto un nuevo trabajo, más amplio, en el que podremos por fin disfrutar de la lectura castellana de Halas y Nezval (ya nos obsequió en 1984 con el verbo de Seifert[4]) y, en breve, si ya no lo ha hecho, aparecerán en lengua catalana textos del propio Seifert. Pero antes de esto, nada de nada.

Por mi propia torpeza, el conocimiento de la lengua checa penosamente me permite acceder a los textos originales y ensayar alguna traducción castellana siempre deficiente. Ello no ha impedido, empero, la aproximación a versiones italianas y francesas que ofrecen como garantía el exquisito trabajo de Angelo Maria Ripellino, Dominique Grandmont o Ela Ripellino Hlochová.

Sobre Holan se ha escrito mucho y bien. Vladimír Justl, Ripellino, Sergio Corduas, Dominique Grandmont, Clara Janés, Louis Aragón, Josef Hora, Alberto Di Paola, Guillermo Carnero… no han reprimido sus elogios, siendo quizá el de Vladimír Justl el más concluyente: “el poeta tiene una personalidad bien definida y única en la poesía moderna no sólo checa, sino también europea”[5].

Vladimír Holan (1905-1980) nace en Praga. Bohemia forma parte por entonces del imperio de los Habsburgo. Combaten rusos y japoneses y su madre lo saca de pila con el nombre de Vladimír, denunciando con su gesto la simpatía por la causa rusa:

En mi barrio brotaba la camomila un poco por todas partes. Su aroma -un olor de odio- envolvió toda mi infancia. Cuando tenía seis años, mis padres se instalaron cerca de Béla, en las laderas arboladas del monte Bezdez, en la Bohemia Central. Me paseaba por allí a menudo solo. El paisaje me influyó mucho -enebros, piedras, tormentas…- era un paisaje triste. Vivíamos frente a la estación y aprendía latín con el padre Otto Rajek. No tenía más que una idea: hacerme monje[6].

Sentir popular y exilio interior

Holan volverá a Praga y participará de la actividad “poetista”. Pero el ascenso del fascismo y la movilización de los intelectuales ponen término a este período programático de Karel Teige[7]. Holan, como los demás, ve necesaria ahora la práctica de una poesía más directa. Los acuerdos de Munich y la invasión nazi no sólo influirán en la formación de la República Checoslovaca, sino también en el carácter revelador de una poesía más próxima al sentir popular, más ligada al drama social checoslovaco y europeo. (Requiem, Soldados rojos, Gracias a la Unión Soviética, A ti son títulos de esta etapa):

Durante la ocupación vivía en Praga, en el barrio de Strašnice, donde me instalé con mi esposa en 1934. Era una buhardilla, con una cocina y una habitación diminuta. Lo recuerdo con agrado. Estuvimos allí hasta 1948. ¿Qué fue este período para nosotros, para Halas, para Hora?  ¿Cómo podíamos vivir? Es muy sencillo: ¡No vivíamos![8]

En 1948 Cy hasta los sucesos de agosto de 1968C se instala en su casa de “Na Kampe”, la misma que habitara el célebre eslavista Josef Dobrovsky. Kampa es una pequeña isla sobre el río Vltava, en el centro de Praga, colindante con el barrio de Malá Štrana y bajo Karluv Most. En 1951 decide definitivamente no salir. Sólo raramente incumple la norma y, mientras vive su madre, viaja a Všerony a visitarla. En lo sucesivo vivirá una soledad absoluta. El violentísimo y famoso enfrentamiento entre el Comité Cultural del Partido Comunista Checoslovaco y los poetas había desembocado durante ese tiempo -auspiciada por el entonces ministro Stoll- en la desaparición de la escena literaria no sólo de los poetas católicos[9], sino también de los “decadentes” como Halas y otros. Holan no corrió mejor suerte. Sin embargo, es durante esta época, en tanto se prohibía la publicación de sus textos y su nombre silenciado prácticamente en todas las revistas literarias, cuando muestra una más intensa actividad. En Lemuria (1934-1938), libro básico para comprender su talante artístico, se lee, como una premonición:

Había atrapado el follaje de las parábolas variopintas encerrándome en los límites de la soledad que no conoce escapatoria… ¿Qué puedo hacer ahora en semejante soledad? No es que esté encerrándome herméticamente en mí mismo, sino que busco un aislamiento completamente necesario. Y la isla es isla. Isla de la obsesión.

El poeta antifascista y hombre adherido al pacifismo en seguida será calificado de “formalista”. Sin callar los escrúpulos que conforman en él la avidez política y desacomodado en una sociedad surgida en plena guerra fría, la prohibición de sus libros se prolongará hasta 1963; pero en 1965, impuesta la razón sobre la norma, recibe, por el conjunto de su obra el Gran Premio del Estado, que rechazará recoger personalmente. De lo que fueron esos veinte años, frecuentemente invadidos por la vesania, la tendencia al suicidio y la desesperación, nos dice:

En mi aislamiento, la pregunta, sí, que me obsesionaba, era: ¿Pero quién es Hamlet? Lo que sé es que, durante esta época oscura, fue mi amigo. Hablábamos, no siempre de manera tolerante, ni siquiera amistosa, pero con pasión[10]

En Holan va paulatinamente definiéndose la actitud de (en palabras de Grandmont) un “anti-Soljenitsyn”. Permanece fiel a sus primitivos postulados y se convierte acaso, dentro del contexto de los países socialistas, en el arquetipo del comportamiento ético no beligerante. Si censura el cientificismo o las que cree erróneas afirmaciones del materialismo histórico, lo hace con la intención de que prevalezca la perspectiva de lo objetivo, de lo real, sobre la óptica de la realidad. Cristiano neoconceptista, se enfrenta al nuevo concepto del cristianismo en su país no dudando en mantener a toda costa su intransigencia. Y destacar semejante actitud no resulta accesorio cuando lo que Holan pretendía era suscitar el debate entre cristianos y comunistas. Escéptico y crítico con los dogmas y poco sospechoso de oscurantismo, Vladimír Holan es por antonomasia el enemigo del “pensador en círculo”.

En cualquier caso, no es fiable la necesidad de tomar al pie de la letra -como han hecho otros- el argumento central del pecado humano, por ejemplo, de la arcana presencia -o ausencia- divina o de alguna “idea” que lo sea realmente cuando desempeña su papel alegórico. Lo que hay que analizar en su obra -y existen muestras evidentes- es que, tras su formulación, un poema no puede reducirse a su solo contenido ideológico; es necesario comprender en qué “sentido” se mueve la dialéctica de Holan, la cual, por otra parte, no se encuentra subordinada a la categoría del Credo.

En cuanto al extendido juicio sobre el hermetismo de su verso, convendría señalar que es connatural al poema: connatural a sí mismo, incluso al contexto de presión psicofísica al que el poeta se somete durante treintaiún años de su vida, los más fecundos, hondos y enérgicos dedicados a una poesía que, según Grandmont, *se emparienta con la visión nocturna+.

Hamlet y la tragedia personal

En su primera obra –Blouznivý vejir (“El abanico delirante”)-, Holan se encontraba todavía bajo el influjo del decadentismo, de la terminología simbolista (aunque no ocultaba su atracción por la armonía léxica del “poetismo”), que remitía a la metafísica más tarde manifiesta en su segundo libro: Triunf šmrti (“El triunfo de la muerte”).

En el más dilatado sentido artístico, Holan emprende una lucha por encontrar la palabra precisa con la que poder expresar lo inexpresable, lanzar una ojeada al más allá y desnudar el arcano de la existencia. Por ello escribe sus versos más agresivos y desafiantes, panfletarios casi, y poemas alegóricos que, “partiendo de la extenuante realidad, se transforman en un mito del desencadenamiento del mal”[11].

Durante 1948-1956, período correspondiente a la elaboración de Una noche con Hamlet (Noc s Hamletem), Holan ejecutó aquello a lo que se refirió en Lemuria: el aislamiento total. No se trataba de una huida de la realidad circundante, de los cambios o conocimientos del tiempo, sino de alcanzar una soledad que le proporcionara la posibilidad de mantener “la guardia nocturna del corazón”, de conocer profundamente y sentir aquello que estaba sustraído al tráfago cotidiano. Si Bolešt (“Dolor”) es la obra menos compleja de Holan -“Desde hace tiempo deseaba escribir una poesía así / de simple y transparente, de ser invisible…”-, casi una confesión o una capitulación, Noc s Hamletem es la recapitulación del intimismo y de la epopeya, de la abstracción y del drama, del pasado y del presente, del salmo y de la lamentación. Es una meditación sobre el mundo, un poema en el que la filosofía del tiempo se encuentra atrapada en una dimensión fuera de él.

Al leer Una noche con Hamlet el lector indaga en un diálogo con la propia conciencia o experiencia, imaginación o deseo, realidad o quimera. Búsqueda fundamental del espíritu humano, parece que en este poema se halla e imbrica todo el padecimiento de Holan y aquello que la poesía le había sugerido: la interpelación sobre el objeto de la vida y de la muerte, del individuo frente al mundo, la causalidad última de la tragedia humana e histórica; por qué la vida está siempre supeditada a la muerte; qué es el miedo, qué la verdadera libertad.

Una noche con Hamlet resume el drama del poeta, un diálogo -en el mejor sentido especulativo- acerca del argumento magnificado por el romanticismo, esto es: el individuo agredido frente a un mundo agresor, microcosmos frente a macrocosmos, como apunta el tópico. Holan se realiza como poeta, pero también se revela como pensador peculiar. Hamlet encarna al poeta trágico en oposición al poeta no trágico; el trágico alter ego del poeta.

Argumento y forma

La impenitente presencia del “sentido trágico de la vida” en su obra lo corrobora más tarde una breve glosa a la publicación conjunta de los dos ciclos de Mozartiana[12]: “La tragedia de la vida privada de Mozart me impresionó muchísimo. ¡Sí, la tragedia!” Ello no obsta para que el poeta retome el más dulce y reconfortante argumento de la juventud en Dopisys Maximovy (“Cartas a Máximo”), asunto que no carece de cierto fondo heroico, más evidente en Toskána. Esta obra, concebida por Holan como sus testamento último, remite al cliché literario de la peregrinatio vitae: una búsqueda de la belleza, del eterno deseo insatisfecho, de la “sed eterna” acuñada por Schopenhauer, saciada sólo por la muerte, a quien corresponde la última sentencia. En Toskána la brutal intransigencia de la muerte, fatalidad insobornable, no deja al poeta esperanza alguna, pero realmente le obsequia con más de veinte años de vida[13] y le permite escribir Una noche con Ofelia y cuatro volúmenes de poemas, aunque, en efecto, con títulos significativamente funestos: En el último momento, Un gallo para Esculapio, Penúltima y Adiós.

Es su peregrinación un intento por obtener el secreto y descubrir el carácter metafísico de la realidad diaria. Los hechos objetivos, el hombre y su historia, los acontecimientos históricos, la irrenunciable consulta sobre el significado de la vida constituyen el generador y el argumento de su obra, que contribuye a crear el nuevo mito del hombre de nuestro tiempo inmerso en un mundo espasmódico sin solución de continuidad. La poesía es para Holan un sino que revela su carácter más que opresivo subyugante, una tarea en la que no queda lugar para el compromiso.

Cuando Vladimír Justl le pregunta ¿qué es la poesía?, responderá: “es la atmósfera de la metafísica, donde vive únicamente el pensamiento nutrido de “toda” la existencia humana”[14].

Adherido pronto al verso libre, Holan señala que éste representaba una investigación en la “semántica profunda” del léxico. Poesía que persigue la disonancia, pero tan enérgica que no se encuentra en absoluto alejada de la armonía; ejecuta magistralmente la destemplanza armónica, en la que el ritmo léxico se apoya fundamentalmente en su tensión. Poesía crítica antes que nada, pretende, junto al carácter lúdico de las palabras, estimular la sorpresa frente a la relajación de la lectura fácil; pero sobre todo pretende orientarla, por medio de dislocaciones y elipsis, hacia el significado profundo del mensaje. Lenguaje que, a pesar de su meticulosa elaboración, más parece estar dotado de fluidez intuitiva que de reflexiva rigidez. Holan quiebra el lenguaje para hacerlo hablar en un intento de introducirse en el contenido subliminal de nuestro entendimiento. Tras el juego de la imagen o la metáfora, el sentido figurado busca con claridad abrir las puertas de nuestra percepción, y si el poeta camina oculto detrás de un velo carnavalesco, lo hace acaso para salvaguardar la autonomía de su voz, para dejarse escuchar. Vladimír Holan tiene mucho que decirnos. Su verbo posee la eminencia de lo que vive eternamente.

                                                                                                  (1989)


[1] *František Halas y la nueva poesía checa+, revista oral A viva voz, n1 14, Zaragoza, febrero (1984).

[2] Vladimír Holan, Antología, Barcelona, Plaza y Janés, 1983.

[3] Madrid, Editora Nacional, 1983.

[4] Breve antología, Madrid, Hiperión, 1984.

[5] *El genio della poesia+, Introducción a Una notte con Ofelia, Torino Einaudi, 1983, página XVII.

[6] Entrevista con Vladimír Justl aparecida en Literarní  noviny, otoño, 1962, página 5.

[7] Mentor del *Poetismo+, además de crítico literario y poeta, Teige jamás abandonó una escritura enmarcada en esa estética.

[8] Ibidem.

[9] Josef Kostohryz, a quien tuve oportunidad de conocer personalmente en 1985, fue sin duda el ejemplo más significativo: sus obras más recientes CEumenidy (1981) y Melancholie (1984)C, aunque escritas en checo, vieron la luz en la República Federal Alemana (München, Poezie Mimo Domov Publ.). Josef Kostohryz murió el 24 de mayo de 1987.

[10] Entrevista con Vladimír Justl, revista citada, página VII.

[11] Vladimír Justl, *Il genio…+, Introducción citada, página VII.

[12] Existe traducción italiana de Sergio Corduas publicada en la revista In forma di parole, Roma (1980).

[13] Finalizada en 1956 y mantenida en secreto, Holan comunica la existencia de Toskána a finales de 1961, cuando debe someterse a una intervención quirúrgica y presiente que no volverá a su casa de Kampa.

[14] Entrevista con Vladimír Justl publicada en Literaní noviny, núm. 10, primavera (1964).

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~ por forega en octubre 17, 2011.

2 comentarios to “Vladimír Holan: la pasión de resistir”

  1. Mi entendimiento es corto, mi conocimiento escaso, mi estómago es pequeño y mi tiempo limitado; pero, después de leer tu artículo, me han entrado muchas ganas de conocer al tal Holan. Gracias por la información. Cuídate.

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