CRISTÓBAL TORAL: EL TRÁNSITO

"Interior con armario". Óleo/lienzo. 71x84 cm.

Cristóbal Toral: "Interior con armario". Óleo/lienzo. 71x84 cm.

Descubrir la realidad conforma una tarea relativamente sencilla para el sentido común. Revelarla —que no es lo mismo— constituye un atributo de los espíritus dotados de instinto y de inteligencia. Descubrir entraña voluntad, esfuerzo, perseverancia…; revelar, además, supone intuición, movilidad, reviviscencia… y desentraña, acota y dilata el objeto, los objetos, el entorno, el contexto de la realidad dada para hacerlos ya componentes de la emoción. La revelación de la realidad desemboca, por ello mismo, en una diferente verdad, es decir, en la realidad artística, ya otra, y sólo traducible por medio del lenguaje de los sentidos.

Cristóbal Toral emplea en esta aplicación última no sólo el «instinto inteligente» (una suerte de inteligencia arrebatada) brillantemente aducido por el mejor Juan Ramón, sino también los métodos que una genética singular traslada al corazón de aquellos seres que concluyen por hacer del grave asunto de la creación un trasunto de su propia existencia, su modo natural de ser y de decir, un impulso siempre poco razonable —como ha de ser—, pero extraordinariamente impulsivo mediante el que descifra, con los instrumentos propios del arte, de la forma artística, cuál es el lenguaje de la poesía. Lenguaje que encierra Toral restringiendo su sintaxis, seleccionando el verbo, acotando los sintagmas hasta percibir con acierto mayúsculo, y cifrar, los paradigmas de la hermosura.

Así formulado, lo antedicho no es sino reiteración de las imágenes que una crítica excelente anclada en el puro clasicismo adujo en el empeño de iluminarlas dentro de un brillante ámbito comparativo. Pero adviértase que poesía está aquí tomado en su estricto sentido etimológico, como homónimo de creación, y con este significado se atribuye a su semántica un empuje revelador.

Cristóbal Toral (seguro de que la creación es la forma primaria de la expresión más personal, más íntima) ha escogido un singular envoltorio temático que sobresale de entre el resto de sus finalidades y con elocuencia nos advierte que este envoltorio es el tránsito y, por ende, un complemento derivado de él: la transitoriedad. El viaje como tránsito de un espacio a otro espacio. No el origen, ni el destino; las maletas, los trenes, los lechos no son sino alegorías de la peregrinación, metáforas de un hondo concepto ubicadas en un entorno de significación precisa.

Esos mismos personajes circunspectos, de impertérrito gesto extraviado, sin residencia conocida, sin destino cierto, duermen en las estaciones o en alcobas vacías para reiterar que es el sueño otra forma de transitar; de la conciencia a la inconsciencia, a la muerte transitoria, desde luego. Pero es que la vida misma, la diversa existencia, es el viaje de los viajes, de origen sí cierto y de destino bien conocido, pese a ser de ubicación imprecisa. Incertidumbre que propicia a veces que ese destino final se encuentre en el viaje mismo; como diría Àlex Susanna: en la «estación decisiva».

Es el asunto del viaje, del tránsito, de la peregrinación, el verdadero drama que Cristóbal Toral quiere traducirnos desde la lectura de una realidad viva y que incluso explicita en alguna de sus variantes. Todos, como ya advirtieran los clásicos, llegamos al mundo para iniciar un viaje. Cómo sea nuestro recorrido depende, sin duda, de nosotros mismos. Discurrir por la vida e interpretarla lo ha sabido hacer muy bien, transido por el drama, Cristóbal Toral. Él se ha colocado, en efecto, fuera de la existencia peregrina, de la mecánica inconsciente de la vida, dentro del mundo que elige —aun de forma transitoria— para vivir, y en él habita con plena consciencia de la vida, procurando alcanzar sus extremos, donde cada detalle, por vivido, otorga pleno sentido a la experiencia. Toral ocupa ese espacio de la totalidad empujado por una especie de sensualismo, de gozo apasionado por la vida, pero sin perder de vista y mostrando el necesario aprecio por la mera existencia de sus personajes.

Y ese mundo revelado en sus pinturas nos enseña que es la revelación, de nuevo, una forma de tránsito: transición de la realidad a otra realidad fundada en la belleza, ya sea manifestando las vivencias que ruedan por el alma como invadida se encuentra ésta en el entorno que la envuelve, ya sea señalando el dramatismo expresivo en lo que comunica y en todo objeto que libera de su pusilanimidad. La traslación formal del concepto, la materialización de la idea, despeja toda deducción para sólo ser: es la realidad transformada, traída al cuadro desde un nutrídisimo almacén de emociones y, por consiguiente y supuesto, sentida. Por ello mismo, admirar la pintura de Toral es admirar la vida y constatar el drama o la cotidianidad de ésta, otorgando que el drama es, también, un hecho cotidiano.

Si la mimesis, en su sentido más puramente formal, es obvio que se encuentra en su pintura, su gran privilegio —del que nos congratulamos en gozar— lo constituye el haberla dotado de movilidad emocional, tintándola de su propio conflicto interno, de sentido y de sentidos, de vida, en suma.

No debe pontificarse sobre las excelencias técnicas de Cristóbal Toral. La belleza, a la postre, es mejor sólo contemplarla, pues —como acertadamente señaló el romanticismo— el secreto de la hermosura desvelado ulula como el aquilón cuando azota los sillares en los ángulos de las atalayas.

 

 

 

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~ por forega en febrero 3, 2009.

3 comentarios to “CRISTÓBAL TORAL: EL TRÁNSITO”

  1. Cristóbal Toral, es un pintor “con mayusculas”. Mi esposo y yo tuvimos la gran suerte de ver una exposíción hace años en nuestra provincia.Nos encanto su forma de plasmar en el lienzo sus pinturas.Es uno de los pocos pintores españoles de gran calidad.Espero que siga pintando muchos años mas para deleite de los que admiramos la buena pintura.ok.

  2. Un maestro, sin lugar a dudas. La perfección en sus cajas, los bodegones… Sus Rotos en verdad son algo de otra dimensión.
    Pude ver sus obras en Caracas y es uno de mis recuerdos más preciados.

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